miércoles, 21 de mayo de 2014

Porqué borro tus emails...

Borro tus emails por alguna de estas 8 razones
Es una pena, te di mi email con toda la ilusión pero lo nuestro no ha funcionado. Me leí los primeros que me enviabas, pero ya no. Ahora los borro. O simplemente los ignoro. ¿Qué por qué no te había dicho nada? Por pereza no me he dado de baja, pero el efecto es el mismo. Ya no existo para ti.
No te lo tomes como algo personal, al fin y al cabo, sólo soy una línea en tu base de datos… ¿Qué no es así? ¿Seguro que valgo algo para ti? Si de verdad quieres que lea tus emails, te doy una oportunidad en forma de pistas. Son mis 8 razones por las que borro emails. Adivina cuál es en tu caso, arréglalo y quizás vuelva contigo:



1. ¿Realmente sabes quien soy?
Sí, lo repites muchas veces, pero creo que no me conoces de nada, y es lo que más me duele. Así que, por favor, nunca vuelvas a hablarme del suplemento alimenticio para perros si sabes que Toby murió hace un año.



2. ¿Estás con alguien más?
Siento como si le hablases a la multitud, no a mí. Esto es entre tú y yo, si hay alguien más, no me interesa esta relación.



3. Empiezas mal
Mira, tengo poco tiempo. Si pretendes que lo lea todo para saber qué es lo que quieres de mí, estás en un error. Leo en diagonal, así que ve al grano desde el “asunto”, que para eso es el “asunto”. A veces pienso que no te crees ni tú aquello que me contaste de que el 80% del éxito de un email está en el 20% inicial.



4. Me decepcionas
Una vez me enviaste un email con el asunto “Archivo adjunto”, abrí el email y no había nada adjunto, era sólo un truco. Si me prometes algo, luego espero que lo superes, o que como mínimo, cumplas. Si encima juegas conmigo…



5. Me aburro
Siempre es lo mismo. Veo tu email a dos kilómetros y ya sé que me vas a decir. Siempre tan cuadradito y típico. Siempre con las mismas frases. ¡Sorpréndeme!. Que todo el mundo haga emails iguales no quiere decir que tú también. Hay quien consigue que me olvide de Facebook, de WhatsAspp, de Twitter. A ver si aprendes.



6. ¿Y yo qué?
Sólo piensas en ti, en lo genial qué eres, en lo que hiciste ayer, en tus proyectos o en lo que quieres que haga por ti. ¿Y yo? ¿Te has parado a pensar en qué quiero, qué pienso, cuáles son mis sueños o qué es lo que no me deja dormir por las noches? Y no te confundas, no busco sólo regalitos, a veces con cosas muy simples y baratas soy feliz.



7. No me acuerdo de ti
A ver, si pensabas que sólo tú tenías mi dirección de correo, pues no, que sepas que mucha gente me conoce. Cuando te la di, deberías haberme enviado algo al instante, y mejor, con algo inesperado. Si además luego tardaste días y días en volver a contactar conmigo, pues lo siento, saliste de mi mente. Aprovecha el momento en el que sé quien eres, que me dura poco.



8. Tampoco te pases
Hay quien me envía algo cada día. ¿Qué plastas no? Bueno, no siempre. En algún caso consiguen que incluso lo esté esperando. Es difícil, pero no imposible, así que puedes enviarme muchos emails, pero sólo si sabes mantener el encanto del primer día.
En fin, espero que no sea demasiado tarde,..



miércoles, 14 de mayo de 2014

Kintsugi.El arte de recomponer el espíritu.




Kintsukuroi es el término japonés que designa al arte de reparar con laca de oro o plata, entendiendo que el objeto es más bello por haber estado roto.


Cuando los japoneses reparan objetos rotos, enaltecen la zona dañada rellenando las grietas con oro. 
Ellos creen que cuando algo ha sufrido un daño y tiene una historia, se vuelve más hermoso.


El arte tradicional japonés de la reparación de la cerámica rota con un adhesivo fuerte, rociado, luego, con polvo de oro, se llama Kintsugi. 


El resultado es que la cerámica no sólo queda reparada sino que es aún más fuerte que la original. En lugar de tratar de ocultar los defectos y grietas, estos se acentúan y celebran, ya que ahora se han convertido en la parte más fuerte de la pieza. 



Y lo mismo podemos y debemos hacer con nosotros mismos.
Cuando hemos sufrido una ruptura,en cualquier circunstancia,trabajemos para conseguir que el resultado de la recomposición sea aún mas hermoso que el original.
Porque la elección entre un muñeco roto y una obra de arte es totalmente personal.




martes, 13 de mayo de 2014

¿Excelencia profesional o condescendencia profesional?

Martes y trece...qué día tan maravilloso.
Hoy me siento genial y quizá no debería.
No debería sentirme así porque,al contrario de lo usual en mi labor profesional,hoy he trabajado por debajo de las expectativas.
Y lo peor del asunto es que he sido consciente de lo que hacía.




Me vanaglorio de ser un profesional en el desarrollo de mis funciones.En mi equipo de trabajo soy un referente ante cualquier circunstancia.

Mi equipo,está conformado por profesionales de la información reciclados,por profesionales del derecho reciclados,y por profesionales de la venta.
Todos empeñados en una labor común.
Solucionar los problemas de nuestros clientes y cubrir sus necesidades.
Cada uno contamos con numerosas fortalezas y algunas debilidades,como es natural.




Pues bien,de entre todos,hay un compañero que destaca por su modestia,saber hacer,discreción,afán de superación...y un sinnúmero de cualidades.

Menos la de destacar en el equipo,por su humilde condición.
En el mundillo de los comerciales,no es infrecuente encontrarse con personas que parecen pompas de jabón.
Brillan mucho,pero son vacuas y fútiles.
La tan denostada imagen del vendedor pomposo,sigue siendo un referente a día de hoy,desafortunadamente.




La tarea diaria incluía una exposición de producto a nuestro cliente de referencia.

Y,evidentemente,a todos los miembros del equipo nos apetecía ser los elegidos para ejecutarla.
Tras evaluar las presentaciones de mis compañeros antes de presentárselas al cliente,cual no ha sido mi sorpresa,viendo que,el vendedor más humilde del equipo,realizó la exposición más sentida y profunda.
Ahora era mi turno para superarla...
Y pensé,fácil lo tengo dada mi condición.
Pero acto seguido,se me pasaron por la mente todas las veces que había visto a mi compañero, asumiendo sin esperar nada a cambio,que de todos los integrantes del equipo,era él quien menos brillaba ante los clientes.




Y me dije,porqué no.

Porqué no hacer una exposición por debajo de mis posibilidades,conscientemente y asumiendo que iba a defraudar las expectativas del resto,incluidos mis superiores,y dejar que el humilde se lleve el reconocimiento a su sorda y poco reconocida labor...
Y lo hice.
Hoy no trabajé con excelencia.
Pero me siento genial...
Martes y trece,qué día tan maravilloso.



miércoles, 7 de mayo de 2014

Claves para una presentación eficaz.

Hablando con un colega,me solicitó una explicación sencilla acerca de cómo hacer una presentación en público eficaz.Enseguida me vino a la cabeza el tutorial de José Hermida,sencillo y educativo.Sé que a estas alturas,con los miles de recursos que encontramos en la red, puede parecer ingenuo,pero quizá te sirva...



martes, 6 de mayo de 2014

Reflexiones para compartir...




Cásate con la persona correcta. De ésta decisión dependerá el 90% de tu felicidad o tu miseria.

Observa el amanecer por lo menos una vez al día.

Estrecha la mano con firmeza, y mira a la gente de frente a los ojos.

Ten un buen equipo de música,la música en tu vida será una compañera fiel en los momentos buenos,pero también en los no tan buenos.

Elige a un socio de la misma manera que elegirías a un compañero de tenis: busca que sea fuerte donde tú eres débil y viceversa.




Desconfía de los fanfarrones: nadie alardea de lo que le sobra.

Recuerda los cumpleaños de la gente que te importa,y tómate la obligación de felicitarles con una sonrisa.

Evita a las personas negativas; siempre tienen un problema para cada solución.

Conduce coches que no sean muy caros, pero date el gusto de tener una buena casa,siempre será tu refugio.

Nunca existe una segunda oportunidad para causar una buena primera impresión.

No hagas comentarios sobre el peso de una persona, ni le digas a alguien que está perdiendo el pelo. Ya lo sabe.




Recuerda que se logra más de las personas por medio del estímulo que del reproche (dile al débil que es fuerte y lo verás hacer fuerza).

Nunca amenaces si no estás dispuesto a cumplir.

Muestra respeto extra por las personas que hacen el trabajo más pesado.

Haz lo que creas que sea correcto, sin importar lo que otros piensen.

Dale una mano a tu hijo cada vez que tengas la oportunidad. 
Llegará el momento en que ya no te dejará hacerlo.

Aprende a mirar a la gente desde sus zapatos y no desde los tuyos.

Ubica tus pretensiones en el marco de tus posibilidades.

Recuerda el viejo proverbio: sin deudas, no hay peligros ni problemas.

No hay nada más difícil que responder a las preguntas de los necios.

Aprende a compartir con los demás y descubre la alegría de ser útil a tu prójimo. 

El que no vive para servir, no sirve para vivir.

Acude a tus compromisos a tiempo. La puntualidad es el respeto por el tiempo ajeno.

Confía en la gente, pero cierra tu coche con llave.




Recuerda que el gran amor y el gran desafío incluyen también ‘el gran riesgo’.

Nunca confundas riqueza con éxito.

No pierdas nunca el sentido del humor y aprende a reírte de tus propios defectos.

No esperes que otro sepa lo que quieres si no lo dices.

Aunque tengas una posición holgada, haz que tus hijos paguen parte de sus estudios.

Haz dos copias de las fotos que saques y envíalas a las personas que aparezcan en las fotos.

Trata a tus empleados con el mismo respeto con que tratas a tus clientes.

No olvides que el silencio es a veces la mejor respuesta.

No deseches una buena idea porque no te gusta de quien viene.

Nunca compres un colchón barato: nos pasamos la tercera parte nuestra vida encima de él.




No confundas confort con felicidad.

Nunca compres nada eléctrico en una feria artesanal.

Escucha el doble de lo que hablas (por eso tenemos dos oídos y una sola boca).

Cuando necesites un consejo profesional, pídelo a profesionales y no a amigos.

Aprende a distinguir quiénes son tus amigos y quiénes son tus enemigos.

Nunca envidies: la envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.

Recuerda que la felicidad no es una meta sino un camino: disfruta mientras lo recorres.

Si no quieres sentirte frustrado, no te pongas metas imposibles.

La gente más feliz no necesariamente tiene lo mejor de todo.